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La tartamudez en la infancia
La tartamudez en la infancia es una manifestación que como
otras manifestaciones humanas, puede ser interpretada de diferentes
maneras. Desde el punto de vista del sentido común, cuando
un niño habla con repeticiones, prolongaciones o vacilaciones
(que son las formas mas corrientes de tartamudeo), como por ejemplo:
"que que que quiero salir mamá", "doooonde
estamos?", "ese es e...,e..., el primero", muy
frecuentemente, los padres y otras personas de la familia, así
como los profesores en la escuela creen que es bueno, que es recomendable,
que es su deber llamar la atención del niño por
ese hecho. Así, frente al tartamudeo solicitan al niño
que hable despacio, hable con calma, piense o respire antes de
hablar. Con ésto podemos entender que las personas creen
que el tartamudeo al hablar necesita de corrección y que,
consecuentemente, creen que esa no es una forma adecuada al hablar.
Así reaccionan negativamente a él. Los propios niños
también reaccionan a la tartamudez de otros niños,
riéndose, haciendo imitaciones y otras bromas, porque es
habitual en nuestra cultura portarse de esa manera delante de
comportamientos que escapan de las regularidades corrientes.
Si las condiciones descritas se repiten consistentemente
en la vida de un niño, con el pasar del tiempo los padres
ven que la tartamudez no desaparece y incluso aumenta, pasando
a adquirir otras características, como por ejemplo: quedarse
con la boca abierta sin que salga sonido por algunos segundos
antes de decir efectivamente una palabra; fruncir la frente al
hablar; apretar los labios con fuerza antes de decir una palabra
que empieza con ‘p’, dejar escapar aire antes de decir
una palabra. Así, en la lógica del sentido común,
es como si algo malo hubiera empezado en el mecanismo de hablar,
o sea en el organismo del niño, y ese mal está empeorando.
Otra forma de ver ese mismo conjunto de ocurrencias
nos viene de la investigación científica, y puede
mostrarnos un panorama muy distinto del anterior. La base de esta
visión científica es la comprensión de que
el ser humano no es solamente una masa orgánica que se
desarrolla independiente del medio ambiente y de los contenidos
de la subjetividad. El ser humano es un ser complejo y su desarrollo
comprende la integración activa de las dimensiones orgánica,
psicológica y social, las cuales se influyen mutuamente.
Esto significa que los modos de ser de una persona reciben influencias
tanto de las características de su organismo, como de las
características del medio socio cultural en que vive y
de los significados, que a partir de sus relaciones con ese medio,
se depositan en su universo subjetivo.
Desde ese punto de vista, hay estudios en Lingüística
(ciencia que estudia el lenguaje en su manifestación escrita
o hablada) que se apoyan en la observación de los modos
de hablar de las personas, y esos estudios nos muestran que las
repeticiones, prolongaciones y vacilaciones son fenómenos
comúnes en el habla de cualquier persona, en cualquier
edad. Esos pequeños lapsos, nos enseña la Lingüística,
son momentos de subjetivacion que se procesan mientras se está
hablando. Momentos en que se busca una palabra, se piensa en la
manera de traducir una idea o sentimiento en palabras, se siente
o piensa algo simultáneamente a lo que se está diciendo
y así sucesivamente. Estas subjetivaciones, imposibles
de ser evitadas, pueden provocar los lapsos, las repeticiones,
prolongaciones y vacilaciones. Si escuchamos atentamente el habla
no sólo de nuestros hijos, sino tanbién de otras
personas, adultos o niños y incluso la nuestra, descubriremos
que esto es verdad.
Otro punto importante que nos enseña la lingüística
es que sabemos hablar, pero no sabemos cómo lo hacemos.
Es decir, las personas saben hablar pero no saben lo que hacen
para hablar. Hablar es una acción automatizada e inconsciente.
El que habla simplemente se desliza por la cadena de sonidos que
caracterizan su idioma y forman las palabras, sin buscar concientemente
éste o aquel sonido. La atención no está
en los sonidos está en lo simbólico, en los sentimientos
que uno quiere expresar. Las palabras se deslizan de modo inconsciente.
Quien pone la atención en el sonido, pierde la dimensión
de lo simbólico.
Ahora, tomemos como base las consideraciones de los tres párrafos
anteriores, relacionémoslas con lo que hemos dicho en el
comienzo del texto sobre los modos de reaccionar a la tartamudez
desde el sentido común, para hacer un análisis de
lo que puede resultar de la combinación de ambos. Ese análisis
está apoyado en otra ciencia, la Psicología Social.
análisis está apoyado en otra ciencia, la Psicología
Social.
Al reaccionar al habla de un niño pidiéndole que
hable despacio, con calma, etc., se está rechazando su
modo natural y automático de hablar. Además, esta
no aceptación se distingue de las correcciones que frecuente
y necesariamente los adultos hacen a los modos de hablar de los
niños, porque en ellas se corrige siempre alguna palabra
en concreto o frase localizada en el discurso, en lo que ha sido
dicho. De este modo el niño sabe donde esta el error y
qué es lo que se espera que sea corregido. Entonces puede
hacerlo. Al contrario, al decirle cosas como habla despacio, habla
con calma, no se le muestra donde esta el error. Es como si el
error estuviera en toda su habla. El niño no tiene cómo
saber en que lugar debe hacer la corrección. Toda su habla
está siendo rechazada.
Si ese tipo de relación de comunicación se presenta
de manera consistente en la vida de un niño, como consecuencia,
él empieza a temer a su manera espontánea de hablar.
Empieza también a adivinar las palabras en que supone aparecerán
problemas. De ese modo, el tartamudeo que era natural, empieza
a tener un nuevo modo de funcionamiento al que llamamos tartamudez
sufrimiento. Este nuevo modo se caracteriza por la sensación
de miedo de hablar espontáneamente y por pensamientos de
anticipación de ocurrencia de problemas para pronunciar
aquello que todavía no ha sido pronunciado. Las anticipaciones,
a su vez, son para el que habla tentativas de solucionar el problema.
Así al hablar, el niño sale del eje del deslizamiento
de los sonidos, donde su atención esta en lo simbólico,
para quedarse aprisionado en el eje de las forma lingüísticas.
Allí la palabra pierde su valor simbólico y pasa
a tener valor de "cosa"; el sonido deja de estar en
una cadena con otros sonidos que se deslizan automáticamente,
inconscientemente y pasa a constituirse en un peligro insalvable.
Entonces, los músculos que en otras múltiples ocasiones
produjeron ese sonido, repentinamente no lo hacen más.
Esa nueva manera de comportarse al hablar incrementa el número
de tartamudeos porque, justamente, ellos son anticipados. Además
les añade tensión, porque el sentimiento de miedo
de hablar lleva a la persona, inconscientemente, a producir de
manera tensa los diversos gestos correspondientes a los sonidos
del habla. A todo eso frecuentemente se pueden sumar todavía
movimientos en diversas partes del cuerpo (fruncir el ceño,
cerrar los ojos, hacer movimientos bruscos con la cabeza, con
los brazos o piernas) que el niño emplea como una forma
de intentar soltar los sonidos que inconscientemente está
reteniendo por miedo de hablar. Esta forma de hablar se automatiza,
porque la automaticidad es inherente a la naturaleza del habla
y, de esta manera, oculta todo el proceso por medio del cual se
instaló, pareciendo ser simplemente un defecto del habla.
La tartamudez sufrimiento es un nuevo modo de funcionamiento del
habla que no elimina el modo anterior. El modo anterior se refiere
al hablar fluente que conlleva un tartamudeo natural, sin anticipaciones,
sin sufrimiento. Las dos maneras conviven dejando perpleja a la
persona, por que cuanto menos desea tartamudear más lo
hace. Ésta no se da cuenta que el deseo de no tartamudear
es la fuerza que mueve la tartamudez.
Bajo estas condiciones, lo que se observa es que esa manera sufrida
de tartamudear no ocurre en todos los lugares y momentos, ni con
todas las persona con quien se habla. Sólo ocurre cuando
la situación de comunicación lleva el niño
a sentirse evaluado, controlado, juzgado en su forma de hablar.
Por eso él se muestra más o menos fluente de acuerdo
a las circunstancias. Por ejemplo, puede tartamudear mucho al
hablar con su papá y nada al hablar con un hermano, un
amigo o con su animal peferido. Todo esto nos muestra que la tartamudez
no está en la persona, en su organismo, está si
en la situación discursiva, está entre las personas
que participan del contexto discursivo.
Logramos así una nueva visión del tartamudear no
simplemente como algo que un día empieza y después
empeora como si el organismo de aquel que habla tuviera algún
problema. Logramos una visión que nos muestra que hay una
tartamudez natural que es parte integrante del hablar fluído,
y que hay una tartamudez sufrimiento que es una nueva forma de
producir el habla que se desarrolla, necesariamente, entre los
interlocutores y que depende de las relaciones de comunicación
para seguir procesándose.
Frente a todo eso entendemos que es extremamente necesario desarrollar
una nueva mentalidad frente la tartamudez de los niños.
Esa nueva mentalidad establece que es necesario respetar y comprender
la tartamudez como lugar de subjetivación. Así,
es necesario comprenderla como algo natural que tiene que existir
para que se pueda hablar y que al mostrarse necesita solamente
ser aceptada, para que no se destruya la necesaria confianza en
el habla que permite a una persona hablar como tiene que ser:
espontáneamente.
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